| Gestión del Mapa |
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El diseño y puesta en funcionamiento del Mapa constituye un paso significativo en la estrategia de promover procesos dialógicos para el abordaje de los conflictos mineros y la elaboración de políticas públicas.
Por ello es importante que no solo su diseño se sustente en resguardos metodológicos que contribuyan a la transparencia y confiabilidad de la información que se consigne en el Mapa, sino que también su implementación sea pensada en esa misma lógica, diseñando mecanismos de producción, legitimación de información y modos de acceso y uso a la misma, consensuados y trasparentes. Esto sólo es posible de ser logrado si se avanza en el diseño de un modelo de gestión del Mapa que respete y habilite la transparencia y accesibilidad a espacios de intercambio y de producción conjunta de información y de análisis de la misma, y que fundamentalmente garantice el acceso y uso responsable de los datos. Toda vez que se diseña un sistema de información, uno de los desafíos más difíciles de afrontar es el que se refiere a la dinámica de actualización de la información, tarea que requiere esfuerzos de búsqueda y/o producción de datos y de sistematización de los mismos, lo cual compromete recursos de organización y tiempo por parte de quien o quienes sean responsables de su administración. Atendiendo a estas dos cuestiones planteadas – una de enfoque y otra instrumental – se ha propuesto avanzar en el diseño de un modelo de gestión asociada del Mapa, sustentado en una red de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales que por su grado de vinculación y/o interés genuino en la problemática de la conflictividad socio ambiental minera, puedan constituirse en miembros de dicha red y contribuyan a la actualización, administración y difusión del Mapa y de los productos que pueden generarse a partir del mismo. Este modelo de gestión asociada constituye asimismo una comunidad de conocimiento, en la que se dan dos niveles de interacción: por un lado, se comparte y se intercambia información y, por otro, se construye conocimiento colectivamente, facilitando la necesidad de revisar las prácticas de construcción de la información en temas sensibles y complejos. La comunidad de conocimiento es un escenario de relaciones que se despliega en el tiempo para promover el intercambio, el aprendizaje, la creación y la construcción de conocimiento entre los sujetos que la integran[1]. En ese marco, la red de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales que han acompañado el proceso de diseño metodológico del mapa y han interactuado para realizar aportes sustantivos al mismo, han construido el espacio sobre los valores del diálogo, el respeto, la creencia en la cooperación, la vocación de aprendizaje, la multidisciplina y la confianza. Estos elementos son necesarios para fortalecer una plataforma que facilite la actualización de la información, incorporación de nuevos análisis, identificación de posibles espacios de diálogo y difusión de los conocimientos y sistematizaciones conjuntos, en definitiva componentes indispensables para una gestión asociada eficiente del mapa de conflictividad minera. En dicha red cada actor será al mismo tiempo usuario y proveedor de información para alimentar y mantener actualizado el mapa; y se identificará un coordinador a fin de garantizar la dinámica de la red y del Mapa.
En el marco del proceso de gestión del sistema de información, se han propuesto una serie de etapas para contribuir en su ejecución y sostenibilidad:
Finalmente, cabe destacar, la importancia de ampliar progresivamente los espacios de participación en la red, identificando diversos roles posibles que pueden articularse, como el de observador, consultor, informante no miembro, etc. Siempre bajo una misma premisa: gestionar de forma colaborativa la información social y para facilitar los procesos de deliberación pública y el abordaje constructivo de los conflictos.
[1] Tamargo, Maria del Carmen. 2006
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